viernes, 29 de marzo de 2019

Última oportunidad

Hace aproximadamente un mes he recuperado el contacto con un hombre muy importante en mi vida, tanto a nivel personal como sexual. 
A pesar de que nunca he olvidado los buenos momentos que compartí con él en la cama, el hecho de volver a hablar con él está haciendo que rememore escenas concretas de nuestros encuentros. Esto me tiene muy alterada.

Quiso darse la casualidad de que la revista para la que colaboro mensualmente me pidió que escribiera sobre el mundo BDSM para la publicación de Abril y hacerlo supuso que se me revolvieran las entrañas porque fue precisamente con este hombre con el que descubrí el maravilloso mundo del placer a través del dolor.

Lo mágico del asunto reside en que ninguno de los dos conocíamos nuestra tendencia natural a la sumisión y la dominación, fue algo que fue surgiendo a través de los encuentros.

Tengo tatuado en mi memoria el momento justo de la eclosión, el instante exacto en el que descubrí que me encantaba sentirme dominada y sometida y que eso me producía una excitación máxima y provocaba en mí sensaciones hasta ese momento desconocidas.

Para poneros en antecedentes os cuento que en una de las muchas conversaciones que tenía con él, y que tanto echo de menos, le comenté que en mi vida había fingido muchísimos orgasmos; muchas veces por hastío y en la búsqueda de que todo se acabara pronto porque mi partener era verdaderamente malo en la cama  y otras porque después de explicarle al chico cómo debía hacer para ayudarme a alcanzar el orgasmo y tras comprobar que, o no lo entendía o no lo quería entender,me daba por vencida. 

Llevábamos apenas un mes de encuentros muy satisfactorios y en los que conseguimos una buena conexion desde el principio cuando, una mañana, estábamos follando en mi cama. Yo estaba sobre él y le cabalgaba. Como siempre me ha ocurrido cuando su polla estaba dentro mía, yo gemía de puro placer. Fue entonces cuando me lanzó una mirada fría y canalla, una mirada que me dejó desconcertada y, acto seguido, me dijo: "conmigo no finjas, porque si me entero de que finjes conmigo te doy una hostia" y esas palabras las acompañó con el gesto de llevar su mano hacia mi cara.

En ese momento un relámpago atravesó todo mi cuerpo, es difícil explicar la sensación que me recorrió entera. Sólo sé que desde ese momento yo ya no era la misma, algo había cambiado en mí y en mi forma de ver y vivir el sexo. Justo en ese instante deseé entregarme en cuerpo y alma a ese hombre. Y puedo aseguraros que ese sentimiento aun perdura en mí, a pesar del tiempo y los sinsabores de nuestra relación de amistad.
De hecho, tiempo después y años sin ninguna relación y de no mediar con él ninguna palabra, aun siento que le pertenezco. Es como si la unión que se formó en ese mágico momento hubiera sido un pacto inquebrantable en el que yo, de manera inconsciente, quedé enganchada a él de tal modo que jamás podría pertenecer a ningún otro porque sólo él tiene la capacidad de dominarme y sólo a él deseo entregarme verdaderamente.

Recuerdo que, tras ese suceso, el primer orgasmo que alcancé fue muy diferente a todos los anteriores de mi vida. La intensidad y las sensaciones en el momento de correrme fueron tan intensas que se convirtieron en una droga para mí a la que ya jamás podría renunciar.

Después de ese primer momento, unos días después, fui yo la que le pedí que me abofeteara. Lo deseaba de verdad, necesitaba sentir en mi mejilla el dolor de la rudeza de sus manos y el calor del escozor. Pero, sobretodo, necesitaba sentirme suya a través de su dominación.
Cierto es que ya me había azotado el culo en varias ocasiones, pero nada fuera de lo normal de cualquier encuentro.

Tardó en decidirse, temía hacerme daño. Realmente es difícil calcular bien la fuerza para causar dolor sin sobrepasarse. Pero yo se lo pedí encarecidamente y logré convencerle.
Las primeras veces eran bofetadas suaves, pero cargadas de simbolismo. Él también comenzó a descubrir que disfrutaba enormemente a través de la dominación y cada vez me pegaba con más fuera y decisión. Los azotes en el culo también fueron aumentando en intensidad.

Tirones de pelo mientras le comía la polla o me sodomizaba a cuatro, insultos bien utilizados en los momentos exactos y tosquedad intercalada con momentos tiernos le convirtieron en un perfecto amante.

Reconozco que hubo ocasiones en las que yo hacía por enfadarle para que, si no podía venir a follarme, conseguir la manera de hacerle aparecer en mi casa para castigarme. Llegaba verdaderamente cabreado y desataba su furia (siempre controlada) sobre mí y dentro mío. 

Con él conocí, por primera vez, la sensación de echar de menos a un hombre desde el mismo momento en el que salía por la puerta de mi casa.

Pero llegó el momento en el que yo le pedía más de lo que él podía darme; unido a que, desgraciadamente, entre nosotros se formó una parábola en la que mientras mi deseo hacia él aumentaba, el suyo por mí disminuía. Eso fue difícil de digerir, sobretodo habiéndose convertido en un hombre tan especial para mí y al haber alcanzado semejante punto de entrega hacia él. Incluso llegó a decirme que, mi entrega y devoción hacia él llegaron a ser una molestia en vez de una satisfacción.

Las relaciones humanas son así.....

Cometí muchos errores llevada por la desmedida pasión y sentí la fría losa de su ausencia cuando se alejó definitivamente con el mismo dolor de una muerte. Lloré noches enteras sin consuelo y deseé odiarlo. Pero llegó el día en que comprendí que debía aceptar que lo nuestro no era recíproco y no se puede obligar a nadie a desear. Aun así, aun hoy, me siento unida a él con una extraña fuerza que hace que mi voluntad sea inquebrantable. 

Cuando te ocurren este tipo de cosas, te das cuenta de que vale mucho más la pena conocer la felicidad durante un breve período de tiempo a pesar del dolor que supone la pérdida, que pasar la vida sin sentir.

Ahora lo he recuperado y no pienso dar ni un solo paso en falso. Porque hay personas que son imprescindibles en nuestra vida, aunque sea en la distancia.




martes, 26 de febrero de 2019

Fantasías

Hace ya un tiempo que mi chico y yo no compartimos cama con un tercero. Y esa fantasía nos ronda la cabeza en cada encuentro en los últimos días.

En el momento de mayor excitación, ambos nos recordamos que estamos ansiosos por invitar a otro hombre a nuestros juegos. Pero reconozco que, a veces, soy un poco pasota y me da pereza ponerme a buscar un hombre que a ambos nos resulte atractivo y que este dispuesto a participar.

El caso es que siempre nos lo imaginamos igual, a ambos nos apetece del mismo modo, tal y como ya ha ocurrido en otras ocasiones.

Últimamente fantaseamos con un hombre maduro, que ronde los cincuenta, con físico cuidado y polla grande. Por algún motivo, ahora a ambos nos atraen más los hombres que peinan canas cuando se trata de juegos a tres. Aunque es cierto que los hombres que nos han acompañado anteriormente rondaban nuestra edad y nos hemos sentido muy a gusto con ellos.

Cuando estamos juntos y follando, ambos comenzamos a relatar como nos apetece que sea el encuentro en cuestión y nos ponemos aun más cachondos, si cabe. La voz de mi chico, junto a su mirada de vicio y placer y el modo en el que me cuenta sus deseos, me pone muy perra. 

"Quiero que te folle" me dice. "Quiero que le pongas la polla muy dura con la boca para que después pueda follarte sin problema el culito. Yo te ayudaré a ponerle bien duro, con la mano y con la boca si es necesario" Cuando le escucho decirme esas cosas no puedo evitar correrme sin parar, mientras asiento encantada a sus planes.

Entonces yo le digo que deseo una doble penetración, que siento la necesidad de sentirme llena de polla. El coño será para mi chico, mientras que el culo estará a completa disposición de nuestro invitado. 
Tengo el antojo de sentir sus corridas dentro, la de mi chico irá directa a mi coño sin filtros, pues no usamos condón y la otra la sentiré entrar a través del preservativo, pero será igual de excitante pues notaré los pálpitos de su polla en mi culo mientras se corre.

"Te comeremos las tetas a la vez, una para cada uno" Sabe bien que eso me vuelve loca. "Después yo te masturbaré el clítoris con su polla, como a ti te gusta, para ponerlo muy cachondo mientras tu te corres como una loca" Escuchando decirme eso y sintiendo su polla entrando armoniosa en mi coño mientras me mira, soy incapaz de contar las veces que llego a correrme.

Le recuerdo, entre orgasmo y orgasmo y con la voz ya entrecortada, que quiero comerme las dos pollas a la vez ocupando toda mi boca. Me gusta sobremanera que ambos miembros se toquen y compartan fluidos mientras observo sus capullos brillantes emanando líquido preseminal que anuncia una gran corrida.

"¿Prefieres tragarte su corrida o quieres que ambos te llenemos las tetas de leche?" me pregunta excitado como un perro. Entonces yo le respondo que me apetece mucho sentir la mezcla de las dos corridas sobre mis tetas, con su calor y textura deliciosa. Después me la esparciré con las manos sobre los pezones y mi pecho. 

No me da tiempo a seguir relatando mis ganas porque mi chico comienza a gemir y a tensionarse, está alcanzando uno de sus maravillosos orgasmos. Es entonces cuando siento entrar su leche caliente a borbotones dentro de mi coño. Para entonces, yo ya he perdido la cuenta de los míos. 

Satisfechos, ambos nos besamos. Una vez más, prometemos que no debemos dejar pasar más tiempo para cumplir nuestra fantasía. Yo doy mi palabra de que ese mismo día me pongo a buscar candidatos pero, pasa el tiempo y así seguimos....

No hay problema, hasta que llegue ese momento, la fantasía alimenta algunos de nuestros encuentros y, por ahora, es suficiente.





miércoles, 30 de enero de 2019

Cuando deseas que sea tu sumisa...

Aquel día no le importó el frío que encogía la noche. Al contrario, las bajas temperaturas que reinaban esa temporada en la ciudad fueron sus aliadas en su placer por torturarme.

Me dio permiso para vestirme con apenas un liguero, su tanga favorito, los zapatos más altos de mi colección y una gabardina beige.

Cuando sonó el sonido del mensaje en mi teléfono, obediente bajé las escaleras que me separaban de su coche y me monté sin mediar palabra. Así me lo había ordenado.

Había pasado un día horrible en el trabajo y decidió que la mejor manera de aliviar su tensión era, sin duda, hacérmelas pasar a mi putas. Me conoce bien y sabe que por hacerle feliz soy capaz de hacer cualquier cosa. 

Cuando me subí a su coche noté de inmediato que su perfume se había adueñado de todo el habitáculo. Sonaba "living on the edge" a todo volumen y él estaba irresistiblemente sexy. Cuando está enfadado es, si cabe, aun más guapo.

Le dí las buenas noches y no obtuve respuesta, cierto que tampoco la esperaba. Me apetecía decirle que apenas me había dado tiempo a prepararme debido a la premura de su aviso, pero sé bien que cuando decide jugar al rol de amo impertérrito y canalla esas licencias no me están permitidas.

Sin mediar palabra me llevo hasta las afueras y paro en el parking del campo de fútbol de nuestra ciudad. En cuanto el coche se detuvo tuve claro lo que quería. No fue necesaria ninguna orden: yo misma abrí la puerta salí fuera del coche.

El frío era desgarrador y noté su bofetada en cuanto me quité la gabardina. La dejé sobre mi asiento y cerré la puerta. Con paso firme y contoneando mis caderas a sabiendas de que él me seguía impaciente con la mirada, me situé delante suyo con las piernas abiertas y los brazos en jarras.
Entonces encendió las luces y todo se volvió blanco de repente. Yo, sin inmutarme, sólo esperaba ordenes.

Me dejo así varios minutos, que a mi se me hicieron horas, disfrutando del placer de saberme tuya.
De repente, se bajaron las cuatro ventanillas y del coche salió  la canción con la que adora que me desnude. Así que allí estaba yo, bailando al ritmo de "crazy", helada por fuera pero caliente como una perra por dentro.

Como él esperaba y sabía, no tardaron en llegar mirones atraídos por el sonido de la música y el espectáculo que una mujer casi desnuda estaba dando al calor de dos focos. Eso me encantó y sabía que a él le estaba gustando aún más.

Uno de los hombres, supongo, debió acercarse a su ventanilla a pedirle permiso y se acercó ávido a tocarme tras su beneplácito. Yo sabía que estaba cuidada por su mirada y me sentía segura, así que le dejé hacer complaciente. Comenzó a sobarme las tetas y agradecí sentir el calor de sus manos. Yo no dejé de bailar, al menos, al principio. 

Cuando quise darme cuenta, ya eran tres los hombres que estaban recorriéndome entera. Uno de ellos, incluso, se atrevió a besarme. Yo accedí obediente; lo que mi chico permitiera estaba bien para mí.
El primero que metió los dedos entre mi tanga, se encontró con el premio de encontrarse un coño empapado y deseoso. No tardo en agacharse para disfrutar del manjar. Con el coño en su boca y mientras seguía siendo sobada con ímpetu por los otros hombres, alcancé un primer orgasmo que me hizo olvidar el frío.

Entonces la música se silenció y, a duras penas por la intensa luz, vi salir del coche a mi chico. Cuando se acercó a mí pude ver en su rostro la satisfacción por el momento que yo le estaba regalando sumisa. Es en esos momentos, cuando veo la felicidad en su cara, cuando me siento realizada y le encuentro sentido a mi entrega por él.

Mi chico me cogió de un brazo y me llevó hasta el capó del coche. En ese momento me dirigió la palabra por primera vez en toda la noche para ordenarme que me quitara el tanga. Una vez lo hube hecho, apoyo mis manos sobre el coche y me abrió las piernas. 

Hizo una señal a los hombres y rápidamente entendieron que en ese momento solo disfrutarían del lujo de ser meros espectadores y se apartaron de mí. Entonces, mi chico, abrió su bragueta y se sacó la polla. Pude notar el calor de su duro miembro junto a mi culo antes de que me la metiera sin piedad. El aullido debió escucharse a varios kilómetros a la redonda y ese fue el disparo de salida para que los hombres que hacían un semicírculo alrededor nuestro comenzaran a masturbarse desesperados.

Mis tetas, con las embestidas, bailaban sobre la fría chapa del coche hasta que llegó el momento en que mi chico me dio un gran azote en el culo y me ordenó que pusiera mis manos hacia atrás. Entonces era mi cara la que sentía el frío del capó.

Sin que yo me diera cuenta, hizo una seña a los hombres. Entonces, se fueron acercando uno a uno para acabar su paja pegaditos a mi. Tenían el permiso para echarme encima su corrida. Cuando sentí el calor sobre mi espalda de la primera lechada alcancé un orgasmo fantástico, pero el segundo llegaría acompañado de un fuerte tirón de pelo de los que me vuelven loca. El tercer hombre tardó algo más en correrse y a punto estuvo de coincidir con el orgasmo que mi chico me regalo en mi dilatado culo. Para entonces, yo estaba gozando del éxtasis de sentir como bajaba la leche del último hombre entre mis nalgas.

Cuando mi chico me ayudó a incorporarme ya no quedaba rastro de ninguno de los otros hombres. Entonces sacó mi gabardina del coche y me la puso con cuidado. Me ordenó que me subiera al coche así, con el traje hecho de corridas. Sabía entonces que no podría limpiarme hasta llegar a casa.

El coche estaba calentito y para el viaje de regreso sonaba "armagedon" pero ya más bajito. Mi chico ya estaba relajado y volvía a tener su rictus normal: sereno y sonriente. Hablamos distendidamente sobre los planes que teníamos para el fin de semana y al llegar a casa él subió conmigo.

Con sumo cuidado me quitó toda la ropa y abrió la ducha. Yo estaba pegajosa y aun sentía frío pese el calor del coche. Me metió dentro de la bañera y me enjabonó con cariño y dedicación. Después, me secó y echó crema hidratante por todo mi cuerpo. Se encargó de ponerme unas bragas y una camiseta de manga larga, que es como a mi me gusta dormir y me metió en mi limpia, cálida y mullida cama. Entonces se desnudó y se acostó a mi lado. Estuvo acariciándome hasta que sintió que mi respiración se volvía más pausada y de su boca salió ese: "gracias princesa" que me da la vida. Entonces cayó dormido a mi lado y ambos pasamos juntos una noche más. 

Quien no sea capaz de entender que esto también puede formar parte del amor verdadero, no entiende de la vida.




lunes, 28 de enero de 2019

Llena de ti

Estoy exhausta y, aún así, sigo sintiéndome vacía de ti.


Llevamos toda la noche follando y el coño comienza a dolerme cuando me penetras, pero no puedo parar de correrme. Es como si no fuera capaz de parar. Mi deseo por ti, en vez de disminuir, aumenta con cada orgasmo. 


Quiero echarle la culpa al alcohol, pero hace horas que ya debió desaparecer de mi sangre. No soy capaz de adivinar el motivo por el que, en este amanecer, me siento como una perra en celo. 


Tu, mi macho fuerte y entrenado, me sigues el ritmo sin preocupación y apenas esfuerzo. Tienes energía y potencial para sobrevivir a mi lado muchas horas más.


Mi pelo está despeinado por el sudor y el desenfreno, sumado a tus tirones y a las posiciones imposibles que logramos hace ya unos orgasmos atrás. 


Las sábanas están empapadas y han sido varias las toallas que hemos echado a lavar. Hoy los squirts están siendo épicos. 


Mi rímel está corrido, soy lo más parecido a un oso panda y el rojo de mis labios está ya tatuado por toda tu piel.


Nunca imaginé que podría llegar a correrme tantas veces y durante tanto tiempo y, aun así, mi coño sigue emanando lubricación indicando que está preparado para una nueva embestida.


Apenas soy capaz de parar a descansar, la necesidad de sentirte dentro comienza poco después de cada orgasmo. Da igual la intensidad del mismo, en cada uno me siento con ganas de más.


Debemos darnos una ducha y tomarmos un café. Ha amanecido hace un buen rato y nuestros cuerpos necesitan un descanso. Eso es lo que dice la lógica, pero mi coño parece tener otros planes.


Te pido que me folles una última vez antes de la obligada parada y, obediente, vuelves a la carga mientras sonríes. Me conoces bien y sabes que las piernas no me dan para más, así que hace un par de horas que tu te encargas de llevar la voz cantante. 


Yo estoy tumbada boca arriba y con las piernas bien abiertas para ti, con el coño enrojecido pero palpitante. La delicada piel de los labios exteriores y el pubis, está resentida y reseca. Pero no me importa, apenas lo siento. Es peor el fuego que me quema por el deseo, un fuego que no soy capaz de apagar esta jornada.


Despacio, vuelves a entrar en mí, tu capullo está ya muy sensible. Primero marcas un ritmo pausado, tranquilo y armonioso y te mantienes así durante varios minutos. Mi coño, que hace tiempo está tan dilatado que apenas puede apretar ya tu polla, comienza a mojarse a borbotones de placer.
Mis gemidos te indican que quiero más fuerte y tu ritmo comienza a acelerarse. Es en ese momento cuando me encanta cogerte fuerte del culo para sentir como lo balanceas en cada embestida.


Más rápido, más y más.,, Hasta que llega el momento en que las penetraciones se transforman en fuertes embestidas y el sonido de lo mojado de mi coño con el roce de tu polla al entrar y salir, se vuelve tremendamente excitante. Mis gemidos te indican que, una vez más, estoy cerca del orgasmo. 


Te aprieto fuerte el culo y mi boca busca la tuya desesperada, mientras tu te afanas en mantener un ritmo alto y potente. De nuevo, llega mi corrida. Acompañada de gritos y azotes en tu culo, mientras mi espalda se arquea y mis piernas se encogen con la tensión. 


Durante la noche, has alternado tus corridas con la labor de darme expresamente a mi el placer. En esta ocasión, una vez  me hube corrido, puedo comprobar que vas a regalar, de nuevo, tu leche.
Tus corridas son mucho más silenciosas pero no por ello menos intensas. Tus huevos apenas gozan ya de producción de leche y apenas descargas unas gotas dentro mío. Pero no hay nada que me guste más que el comprobar que tu leche acaba en su lugar: dentro de su dueña.


No puedo más, mi cuerpo suplica descanso. En el mismo momento que te apartas de mi, caigo dormida sin darme ni cuenta. Aprovechas y te duermes a mi lado. 


Tres horas después, despertamos. A mi me duele todo y tu estás como si nada hubiera pasado. Me encanta comprobar tu estado físico: siempre fuerte.


Ahora si, decidimos que es hora de levantarnos y darnos una ducha. Cómo no, nos la damos juntos y ambos enjabonamos al otro como si nunca hubiéramos gozado de nuestros cuerpos. Tu polla reacciona a mis caricias y mis pezones la corresponden con el mismo nivel de erección. 


Pero parece que el descanso me ha devuelto la racionalidad y decido que es mejor aclararse, ponerse ropa fresca, hidratarnos y alimentarnos.


Con nuestros cuerpos casi repuestos mudamos la cama y ventilamos la habitación. El olor a sexo impregnaba toda la estancia.


Nos volvemos a acostar y nos dedicamos caricias y conversaciones distendidas que, como siempre, nos hacen reír.


No pasa demasiado tiempo hasta que comenzamos, de nuevo, a besarnos. El deseo no se agota, mi deseo por ti no tiene fin. Sé y siento que es recíproco y eso hace que el mío aumente, más, si cabe.


Veremos anochecer de nuevo desde mi cama, entre jadeos y orgasmos sin fin. A eso de las dos de la madrugada caeremos en un profundo coma, uno dentro del otro, enganchados y en posición fetal.


Esta será, sin duda, una de las experiencias más largas de mi vida. Tendrá que pasar más de una semana para que mi coño pueda sentir pasar el pis sin que me resqueme y mi cuerpo se restablezca de las agujetas y el sobreesfuerzo. Pero, sin duda, todo habrá merecido la pena. 


Sabes que lo necesito, necesito sentirme llena de ti. Y tu, jamás pararás hasta haberlo conseguido.

sábado, 22 de diciembre de 2018

Pasión y entrega

Siempre me ha llamado la atención tu predilección por los culos grandes. Es por ello que yo me he convertido en tu musa del placer. Dices que adoras verme a cuatro con el culo en pompa siempre dispuesto para ti. Y sabes que a mi me encanta complacerte y mostrártelo en cualquier momento para hacerte feliz.

Tienes una gran colección de fotos mías en esa postura; en tu cama, en la mía, sobre la mesa del comedor, de rodillas en el suelo o apoyada sobre la meseta de la cocina. Siempre abierta, siempre deseosa de recibir tu polla. 

Gustas de azotarme las nalgas con ansía y sin piedad y te excita enormemente sentirme sollozar y gritar del dolor. Tus manos quedan marcadas en mi piel y yo las llevo orgullosa durante días como medallas que me gano en tu compañía.

Cuando te recreas al comerlo, me regalas un placer que me acerca al orgasmo y me arrastra a un deseo irrefrenable de que me sodomices sin piedad. Y así lo haces, a embestidas duras y certeras.

Mientras me haces tuya, no paras de repetirme que soy tu puta y me obligas a que yo te lo diga sin descanso. Si no respondo con la premura que tu exiges, me abofeteas sin piedad. Es entonces cuando loca del placer busco tu boca y te beso con ansía y desesperación. Es justo en esos momentos cuando me siento verdaderamente tuya y tu compruebas que nadie se va a entregar a ti en el modo que yo lo hago.

Nunca sé donde vas a decidir correrte y no es hasta el último momento que no soy consciente de dónde voy a recibir tu leche caliente y cremosa. Mi coño la recibe palpitante, mi boca la saborea con verdadero disfrute y mi culo se la traga ansioso. Cualquiera de mis agujeros están siempre dispuestos para ti.

En tu maravillosa compañía llego a alcanzar varios orgasmos en poco tiempo, pues tu cara de vicio y la manera en qué me haces sentir, unido a tus artes amatorias, consiguen que el nivel de excitación que alcanzo sea muy intenso e inmediato. En cada orgasmo, mojo un poco más tu polla con mi corrida y llega incluso en momento en que mi vagina se dilata de tal manera que tu enorme polla llega a sentirse pequeña dentro de mi cueva del placer.

Me haces gritar aun más fuerte de lo que es habitual en mí con cada orgasmo y los espasmos que tan loco te vuelven alcanzan una intensidad que llegan incluso a agotarme.

Cuando llega el momento de tu corrida, tras más de una larga hora entregado sin descanso a mi placer, me lo anuncias casi abducido por la irrefrenable locura del placer más intenso y descargas tu leche rozando la inconsciencia. Tras semejante esfuerzo te quedas agotado y desfallecido sobre mí y es en ese momento cuando la bestia que primero me sometió, se convierte en un hombre desvalido y desnudo de cualquier maldad. Y justo en ese instante es cuando descubro que te adoro, te adoro irremediablemente.

A ti te gustan los culos grandes y mi culo lo es. A mi me encantan los hombres maravillosos y tu lo eres.




martes, 27 de noviembre de 2018

Historietas....

Lo cierto es que en estos cinco años en los que llevo disfrutando del maravilloso mundo del sexo desinhibido y sin tabúes me he encontrado con personajes realmente peculiares. Cierto es también que yo siempre me he mostrado abierta a probar, conocer, experimentar y disfrutar de la mayoría de las locuras que me han invitado a hacer.

Recuerdo, por ejemplo, el chico jovencito y pequeñito que estaba loco porque yo jugase con su culo y que, una vez yo hube accedido (con mucho esfuerzo por su parte), encontré ante mí la escena de este chico en cuestión temblando tumbado sobre mi cama, con las piernas abiertas como si estuviera de parto, tapadito con una manta porque decía que tenía frío y con tal cara de acojone que más bien parecía que yo le iba a poner una inyección en vez de jugar con su pequeño culito.
La escena era propia de una película de serie B; yo metiendo la mano por debajo de la manta intentando localizar el agujero de su culo mientras le tranquilizaba con palabras bonitas y mensajes de tranquilidad. 
Como soy así, en vez de ponerme a reír a carcajadas y echarle de mi casa, me afané por tratarle con dulzura y hacerle sentir cómodo y bien. Conseguí penetrarle con un dedo y puedo decir que, al final, disfrutó de la experiencia. 
Aún hoy lo pienso y me entra la risa.


Otro chico, también joven, me pidió en una ocasión la polla que yo tengo de juguete para penetrar a mis amigos en casa. Le daba morbo venir a mi casa a buscarla y llevársela a la suya para jugar a solas con ella. Para él resultaba un reto poder meterse semejante falo. 
Pues nada, yo se la guardé en una bolsa muy mona y él vino a mi casa a recogerla. A los días nos citamos de nuevo y me la devolvió. Eso sí, me dijo que no fue capaz de introducírsela porque se hacía demasiado daño. Vaya por Dios.....


También conocí a un hombre maduro y algo amanerado que sólo buscaba que yo le retorciera duro los pezones mientras él se masturbaba. La verdad es que sólo estuve en su compañía unos diez minutos. En ese tiempo fui consciente de que no me resultaba divertida la experiencia y preferí despedirme e irme de su casa.

Otro hombre me pidió de manera insistente que le regalara un bote con mi pis para beberlo delante mío. Como me parecía divertido y morboso, accedí. Quedamos en un parque, nos sentamos en un banco y le obsequié con mi oro líquido. Se lo bebió como quien ingiere un buen vino, disfrutando y a sorbitos. Mientras tanto, tuvimos una charla distendida y genial. Cuando hubo acabado nos despedimos y se marchó encantado.

He regalado algún que otro tanga mío a varios crossdresser e, incluso, he acompañado a uno a comprar ropa interior femenina para que después la disfrutase con un buen maromo.

Supongo que, aunque ahora estoy menos activa, aun me queden más historias por vivir. Algunas extravagantes y otras hilarantes. Pero una nunca deja de sorprenderse con el ser humano y eso es lo divertido.




La vida empieza ahora (II)

Tras ese mensaje llegaron muchos otros.

Algunos sólo eran de mujeres con oscuros intereses buscando engañar a incautos inocentes, otros de hombres buscando contacto con heteros despistados y la mayoría eran de mujeres que no tenían claro ni lo que buscaban ni lo que ofrecían por esos lares. Mujeres perdidas en un limbo en el que no sabían moverse con libertad y que sólo conseguían despistar a sus interlocutores con sus idas y venidas.

Aun así; de vez en cuando, se encontraba con mensajes de mujeres con las ideas claras, mujeres directas y reales. Con muchas sólo llegaba a intercambiar un par de frases, pero con otras conseguía una cierta complicidad que le hacía mucho bien.

Durante mucho tiempo, vivió absorto en su vida B. Las horas pasaban sin sentido, el trabajo quedó relegado a un segundo plano y acabó por notarse en su rendimiento. El tiempo que antes dedicaba al gimnasio, en muchas ocasiones lo limitaba a quedarse en el coche a la puerta del centro deportivo charlando desde la tranquilidad de su soledad.

Y, por primera vez, se sentía feliz. Charlaba de temas banales, se intercambiaba fotos sugerentes con ellas e, incluso, llegó a tener sexo vía teléfono y cam con un par de amigas.

Su autoestima subió como la espuma y se sentía más sonriente y parlanchín. Por supuesto; su mujer notó en él un notable cambio, pero prefirió mirar para otro lado y disfrutar de la tranquilidad que esto le reportaba en su día a día. 

Le encantaba hacerse pajas en los sitios más variopintos: en el coche, en el baño de un supermercado, en el vestuario de su gimnasio...Hacerse vídeos y fotos de su polla dura y sus corridas le ponía cachondísimo. Podía pasar horas mirando las fotos de las mujeres que se mostraban, cachondas, para él. Eso le hacía sentir importante y deseado.

Así pasó meses, sin atreverse a dar un paso más. Para verse cara a cara con una mujer necesitaba sentirse preparado y, aunque le surgieron varias oportunidades, las rechazó cobarde. El morbo que esta nueva situación le regalaba era más que suficiente para él.

Pero, como suele ocurrir, conoció a la persona adecuada. La mujer por la que se veía capaz de arriesgar todo lo que tenía. Sabía que un sólo beso de esa rubia bajita de grandes ojos y tetas pequeñas le iba a merecer cualquier peaje que tuviera que pagar.
Pasaron semanas organizando su primer encuentro, ambos querían que éste fuera especial. Amén de los nervios y nuevas sensaciones que provocaban en él una experiencia de semejante índole.

Aquella tarde, en esa cafetería, mientras esperaba por su acompañante, se sintió el hombre más afortunado del mundo. Y, solo por eso, todo merecía la pena. 

Cuando la mujer atravesó la puerta de entrada y le miró a los ojos mientras caminaba hacia él, pensó que perdía el conocimiento. Supo que jamás volvería a sentir lo que en ese momento le estaba ocurriendo e hizo un gran esfuerzo por grabar para siempre esa felicidad en sus entrañas.
Su corazón palpitaba fuerte y su polla le dolía dentro del pantalón, con una dureza que desconocía que podría llegar a sentir.

De repente, estaban cara a cara. Las pupilas dilatadas, las mejillas coloradas, los labios hinchados, la voz entrecortada y el corazón luchando por no salirse del pecho. La sonrisa no les cabía en la boca.

Dos besos. El tiempo se para mientras se miran y; entonces, la fuerza de la atracción y el deseo les llevó a acercarse lentamente y unir sus labios en un beso que a ambos les supo a cielo. Pasaron largos minutos así, abrazados y unidos por sus salivas y sus ganas.

En ese momento, sin saberlo, se habían convertido en amantes.


martes, 20 de noviembre de 2018

La vida empieza ahora

La monotonía es una pesada mochila que lleva demasiado tiempo llevando a la espalda. Ya pasa los cincuenta y tiene la sensación de haber dejado volar los últimos veinte años.

En este tiempo ha acabado su carrera, consiguió un trabajo que le proporciona una vida cómoda y en el que se siente seguro y realizado en el plano laboral, tiene un familia y un pequeño grupo de amigos con los que pasa el mayor tiempo de su ocio.

Cuida su alimentación y hace deporte cuatro veces por semana, su pelo ya comienza a peinar canas pero el otoño no ha llegado todavía a su cabeza. Nunca se vio guapo y nadie se preocupó en decirle lo contrario pero, hasta ahora, eso nunca le pareció relevante.

Su vida es convencional y aburrida, perfecta hasta el hastío. Pero no es feliz y ahora se da cuenta de que no lo es desde hace demasiados años.

Quiere a su mujer, pero no está enamorado. No recuerda el momento en el que la llama se apagó, pero intuye que sus hijos eran aun muy pequeños. Sabe positivamente que ella tampoco lo ama a él y no se lo reprocha. Es un pacto silencioso que ambos aceptan de un modo demasiado natural. 

Cada mañana y antes de su ducha, se masturba de manera mecánica para sentirse aliviado y tranquilo. Una rutina como cualquier otra. Para correrse, a veces piensa en las enormes tetas de una compañera de trabajo, otras se imagina a  una jovencita cachonda que le hace una mamada pero en la mayoría de las ocasiones ve algún vídeo de Internet a través de su teléfono,con el sonido muy bajito, aprovechando el ruido que hace el agua caliente saliendo del grifo de su bañera.

Follar....¿qué es eso? Hace siglos que no la mete en un coño caliente. De hecho, esta seguro  de que el de su mujer jamás lo estuvo. Nunca tuvieron un sexo espectacular, sino más bien clásico y aburrido, pero al menos disfrutaba de la sensación de correrse dentro de una mujer cada cierto tiempo. 

Y ahora se da cuenta de que todo eso le esta matando. Su vida de mierda, sus frías y asépticas pajas, la privación de cariño y de ternura, la necesidad de sentirse deseado y de desear.....
Se ha conformado durante demasiado tiempo y siente que se esta haciendo viejo aun sin serlo; un amargado y desganado hombre cualquiera que esta dejando su vida pasar. 

Sabe que el motivo del incipiente cambio que esta notando en su pensamiento es debido a uno de sus amigos de la pandilla, recién separado y que alardea de libertad y sexo sin límites. Últimamente, cada vez que se ven para tomar unas cervezas, le habla de páginas de contactos, de mujeres calientes y dispuestas, de polvazos en hoteles, de noches de risas y vino, de vidas vividas....

Y él quiere eso, necesita eso: vivir y sentirse vivo.

No sabe ni por dónde empezar, incluso siente ciertos remordimientos. Aun no ha dado ningún paso en firme y ya siente que es un hombre infiel. Sin embargo, a la vez, ve ante él un horizonte que se le antoja maravilloso aunque eso le parezca muy difícil de conseguir. Pero en su fuero interior sabe que debe intentarlo. Es eso o volverse loco.

Una tarde decide hacerse un perfil en una web de contactos, no sin dificultad, desde su oficina. Suda mientras va rellenando los campos y tiembla de los mismos nervios. 
No sabe qué debe poner para presentarse, no cree que tenga nada interesante que mostrar de él. Aún así, decide que lo mejor es decir la verdad. 

Sexo: Hombre
Edad: 54
Peso: 75
Altura: 181
Ojos: Marrones
Pelo: Canoso
Estado civil: Casado
Dotación: Media 

"Hombre maduro cansado de la monotonía. Deseando vivir"

Cuando llega al campo que le solicita foto cree que se va a desmayar, pero su amigo le ha dicho que los perfiles sin foto no tienen ningún éxito, así que se hace una foto rápida frente al espejo del baño, muerto de la vergüenza y sin saber muy bien cómo posar, recorta su cara y la añade a su perfil.

De repente se da cuenta de que esa sensación que le invade; la mezcla entre el acojone, la ilusión y lo prohibido, le está gustando. Hacía tiempo que no se dedicaba a algo con tanto interés y el modo en que palpitaba su corazón le recordaba que, efectivamente, aun tenía sangre en sus venas. Pensó que si lo que le esperaba le provocaba algo parecido a eso, no quería perdérselo por nada del mundo. 

Cuando se quiso dar cuenta ya era la hora de salir. El tiempo había pasado volando. 

Después de elegir un nombre para su nick, tarea que le resultó trabajosa, y darse un paseo por la página para familiarizarse con su funcionamiento y visitar los perfiles de varias mujeres con sus fotos provocativas y sus presentaciones, se dio cuenta de que estaba empalmado. ¡Estaba empalmado! Por primera vez  tuvo que ir al baño de la oficina a hacerse una paja antes de irse a casa. Y, sin duda, fue la paja más satisfactoria que había tenido en mucho tiempo....

Cuando llega a casa, se sorprende sonriente. De inmediato cambia su rictus, no quiere levantar ninguna sospecha. Como cada día, charla cuatro tonterías sin importancia con su mujer y le pregunta a sus hijos qué tal les ha ido el día. 
Después de cenar, ella se irá a la cama temprano y él aun se quedará un par de horas más en el salón viendo la tele mientras se toma un café. 

En casa es rara la vez que usa el ordenador de noche, pero esta vez siente el impulso de entrar de nuevo en la web. Lo hace como un ladrón en su primer robo: nervioso y receloso. Se siente como un niño chico desobedeciendo a su madre, temeroso por la regañina pero divertido por la travesura.

Mete la dirección de la página, rellena el nick y la contraseña y su cara se vuelve blanca de repente.... 

Tiene un mensaje nuevo en su bandeja de entrada.


miércoles, 17 de octubre de 2018

Tu leche

Tu leche es mi alimento: mi alma se nutre de ella.

El regalo que acompaña a tus corridas es el elixir que me rejuvenece, me hace sentir bella y completa.

Tu lo sabes bien, tu leche debe acabar en su lugar: dentro de su dueña.

Cuando descargas dentro de mi coño, después de haberme llevado a varios orgasmos con tu polla dura insertada en mí, adoro sentir como entra caliente y palpitante mientras te escucho decirme que me quieres, con la voz entrecortada entre jadeos. Eres un hombre de gran aguante y tienes la capacidad de follarme en mil y una posturas antes de correrte en mí.

Me resulta harto difícil elegir cual es mi favorita, pues cada una de ellas me proporciona un placer de una forma diferente. Además, en muchas de ellas me deleito observando tu cuerpo fibrado y tu cara de tierno vicio mientras me miras sin apartar tus ojos de mi.

Aun hoy, hay momentos en los que te miro mientras me llevas a uno de los cien orgasmos que alcanzo a tu lado, y aun no sé si te tengo o te sueño. Eres tan guapo, tan irresistiblemente guapo, que me pareces hasta mentira. Pero lo cierto es que tu eres solo verdad, mi gran verdad.

Te encanta que sea yo la que te cabalgue y así solemos empezar a follar. Año y medio después, un calambre de placer aun atraviesa nuestros cuerpos en el preciso momento en que nos sentimos unidos primera vez en cada encuentro.

Sobre ti, a horcajadas, disfruto del placer mientras te recreas con tu lengua en mis tetas. Nos turnamos para marcar el ritmo de nuestro sensual baile  y mi primer orgasmo nunca tarda en llegar, regando con mi corrida tu polla y huevos. Justo después, no puedo evitar lanzarme a  limpiarte con mi lengua, pues soy adicta a la mezcla de nuestros sabores sobre tu piel.

El momento de separarnos nos resulta muy placentero y por eso dejamos que tu polla húmeda y caliente salga muy lento de mi coño palpitante y mojado. Disfrutamos de ese instante con la misma intensidad que cuando te quedas dentro de mí, quieto y abrazado, y yo aprieto fuerte tu polla con los músculos de mi vagina para sentirla muy mía, para sentirte solo mío. 

La postura del misionero me permite apretar fuerte tu precioso culo. En muchas ocasiones sientes como te clavo las uñas o te azoto con fuerza desmedida, abducida por la locura de sentirte muy dentro.
En el momento que decides penetrarme de lado y me permites ver como entra y sale tu polla de mi a la vez que puedo coger fuerte tus huevos con mi mano, me llevas a un éxtasis en el que es imposible no alcanzar otro orgasmo.

Te conozco muy bien y sé cuando deseas que me coloque a cuatro. Me encanta sentir tu polla dentro en esa postura. Puedes follarme el coño y el culo a tu antojo, ambos están preparados siempre para ti.
Cuando me estas embistiendo, a un ritmo que pocos pueden alcanzar y, a la vez, me sujetas fuerte del pelo y me azotas las nalgas, alcanzo unos orgasmos de enorme intesidad.

Y, tu, que eres tan generoso conmigo, no quieres correrte hasta que yo hube alcanzado varias veces el climax. Y, en ese momento, en el que me llenas de ti, siento que no puedo ser más afortunada por tenerte y ser la dueña de tu placer.

De cuando en cuando, te pido que te corras en mi boca porque verdaderamente necesito tragarme el alimento que me mantiene viva, junto con tus besos y tu caricias infinitas.

En nuestras conversaciones más íntimas te lo comento: estoy deseando volver a verte mientras te follas a otra. Pero, esta vez, buscaremos la forma para que te deje correrte sobre ella, una vez te hayas quitado el condón. Me da igual si lo haces sobre su culo, sus tetas o su clítoris. Y me da igual porque yo estaré ahí para recuperar lo que es mío, para limpiar tu leche una vez la hayas derramado sobre ella.

Porque tu leche cuando está en mí, esta en su casa. Y nada nos hace más felices.

viernes, 5 de octubre de 2018

El probador

Ahí soy feliz, me encanta pasar una tarde tranquila de compras en un centro comercial un par de días al mes. Adquirir ropa bonita, algún conjunto de lencería sexy, una barra de labios o cualquier capricho que se me antoje, me proporciona una sensación muy placentera; amén de lo que disfruto pasando horas mirando y probando sin estar pendiente del reloj.

Ese día, cuando levante la vista de un vestido precioso color granate de manga larga y muy escotado que me dejó obnubilada y estaba dispuesta a probar y crucé mi mirada con la de aquel hombre, supe de inmediato que la tarde iba a mejorar sustancialmente.
Me lo dijeron el rubor de mis mejillas, la humedad de mi coño y el escalofrío que recorrió en un segundo todo mi cuerpo.

Habían pasado dos años abundantes desde nuestro último encuentro. No recuerdo con nitidez la causa exacta que nos llevó a dejar de vernos, seguro que cualquier tontería sin importancia.

Nicolás sigue igual de atractivo y sonriente y con ese extraño poder suyo para ponerme nerviosa tan solo con su presencia. Eso siempre me gustó, la sensación de sentirme vulnerable junto a él me excita sobremanera.

No despegamos nuestros ojos de los ojos del otro hasta que nos encontramos frente a frente y un sonoro beso en mi mejilla retumbó en toda la planta de ropa del Corte Inglés. Yo le correspondí con un gran abrazo y pasamos unos minutos poniéndonos al día de nuestras vidas.
Nicolás había cambiado de pareja en ese tiempo y se encontraba en ese lugar buscando un regalo de cumpleaños para su nueva chica.

Mi corazón latía fuerte y mis pupilas se dilataban por momentos mientras charlábamos y sentía la reciprocidad en su mirada y sus gestos.

Decidí cambiar el rumbo de la conversación y le mostré el vestido que tenía en la mano. -"Me he enamorado de este vestido y quiero probármelo. Sería genial que me dieras tu opinión." -"Encantado" me respondió, con una sonrisa de oreja a oreja.

Puedo apostar y no pierdo que en ese instante su polla reaccionó como un resorte y ya le apretaba dentro de sus ceñidos pantalones. Cierto es que mi coño ya palpitaba ansioso desde que mis ojos se cruzaron con los suyos. Mis pezones, erectos, ya se marcaban en la camiseta que llevaba puesta y Nicolás se había dado cuenta y hacía verdaderos esfuerzos por mantenerme la mirada y no llevarla por otros derroteros.

Juntos nos encaminamos a los probadores con la ilusión de quien acaba de recibir un dulce bombón y sabe que en segundos va a disfrutarlo en su boca.

Apenas cerré la puerta del pequeño habitáculo cuando comenzamos a besarnos con ansia y verdaderas ganas. Hay hombres que tienen un modo de besar que se convierte casi en un vicio.
Sin darme cuenta ya estaba desnuda, sus manos son prodigiosas en el arte de quitarme la ropa.

Cuando se agachó ante mí supe bien que estaba deseando. Y se lo dí. Apoyé una pierna sobre el asiento del probador y le ofrecí mi coño dulce y jugoso. Al sentir el calor de su boca se me escapó un gemido, entonces el me miró sonriendo con sus ojos y yo fui consciente del lugar en el que estábamos.
Levanté la vista y vi nuestra imagen ante el espejo, eso elevó aun más mi excitación.
Cuando sentí que mi orgasmo estaba ya cerca le cogí fuerte del pelo y pegué su cabeza aun más a mí.
Su lengua, trabajadora, aumentó el ritmo y la intensidad sobre mi duro clítoris y me acompañó hasta que el último de mis temblores le indicó que la corrida ya había llegado a su fin.
Su boca y barbilla quedaron empapados de mi sabroso néctar. Puedo dar fé de mi sabrosura pues yo misma me encargué de lamerlo directamente de su cara.

Mientras nos besamos yo me encargué de abrir su cinturón, abrir su cremallera y liberar su polla presa en la cárcel de sus pantalones. Ya estaba babosa y lloraba de ganas. Me encantó volver a sentirla en mi mano y disfruté un buen rato jugando con ella mientras la masturbaba y acariciaba alternando la intensidad con las caricias de mis dedos sobre su capullo.

-"si sigues así me voy a correr" me dijo nervioso. -"¿quieres llenarme la boca con tu leche caliente?" le susurré.-"si, por Dios. Sabes que eso me vuelve loco" me dijo mientras disfrutaba de mis tetas a dos manos.

Dejé de tocarle y le acerqué una teta a la boca para darle de mamar un ratito. Siempre me gustó su modo de mordisquearme los pezones y de recorrer mis aureolas con su húmeda lengua. Mientras, me la apretaba con fuerza hasta hacerme el justo daño, ese que me encanta sin llegar al exceso.

Cuando mis ganas de polla ya eran incontenibles me puse de rodillas ante él, de tal modo que el veía mi culo y espalda en el espejo.
Comencé a lamer la punta, dedicada por completo a limpiar cualquier rastro de líquido preseminal. Una vez la dejé bien limpia me la metí por completo en la boca, a sabiendas que es una práctica que le encanta. Sus temblores y el modo en que se agarraba a mis hombros me dieron la razón.

-"Necesito correrme, Alba, lo necesito. Necesito correrme desde que te ví. Quiero llenarte la boca de leche, quiero que te la tragues y te vayas llena de mi. Cuando beses a tu chico esta noche tus labios aun sabrán a mi polla y eso me pone muchísimo"

Obedeciendo a su deseo comencé a succionar con ritmo y presión hasta que comencé a sentir su regalo caliente en mi boca. Escuché un gruñido ahogado y noté como su cuerpo se tensionaba durante unos segundos.

Cuando sacó su polla de mi boca yo se la mostré abierta y llena de leche antes de tragármela satisfecha.

Me ayudo a incorporarme y me instó a probarme el vestido para darme su opinión. Por supuesto me lo compré y cada vez que me lo pongo no puedo evitar mojarme con el recuerdo.

Aun nos dio tiempo a tomarnos un par de cañas antes de despedirnos, no sin antes prometernos que no volveremos a dejar que vuelva a pasar tanto tiempo sin volver a vernos.



jueves, 20 de septiembre de 2018

El espejo

Dos cuerpos desnudos frente a un espejo.

Hombre y mujer en perfecta sintonía. Aquí ni la edad ni el físico parecen relevantes.

Desconocidos fuera de ese cuarto, amantes inseparables en cada encuentro. Años avalan esta relación prohibida.

Él sentado sobre una butaca, ella encima suyo con la polla insertada.

Les encanta observarse mientras juegan, el espejo es casi siempre uno más en sus fantasías. Otras veces se acompañan de dildos y vibradores, no permiten que la rutina se apodere de una relación tan perfecta.

Ninguno desea que la llama que ambos han encendido se apague nunca. Aunque saben que nada es para siempre y lo suyo está condenado a acabarse desde el mismo momento en que ha comenzado. Ese es el sino de los amantes: vivir intensamente algo que terminará, lo más posible, con dolor y maravillosos recuerdos.

Ella se mueve, armoniosa, sobre él. Con las manos apoyadas sobre sus rodillas baila la cadera con perfecta sensualidad. Ninguno quita de la vista la imagen de ambos en el espejo y la excitación va en aumento.

Sus tetas son grandes y la fuerza de la gravedad hace años que ha sido implacable con ellas. Pero a él le encantan así, con sus oscuras aureolas y duros pezones. El hombre se las agarra fuerte y mira como rebosan entre sus manos. En ese momento ella comienza a cabalgar con más intensidad. Mientras, la besa el cuello y llega a morderle un hombro con la excitación del momento. A ella, esos arranques casi salvajes le encantan y encienden.

El primer orgasmo está ya cerca. Desde que se conocen disfrutan del privilegio de llegar a correrse a la vez. Los gemidos se intensifican, los jadeos comienzan a entrecortarse y él comienza a sentir como el elixir caliente que brota del coño de ella le arrolla por los huevos.

Durante dos minutos los dos se convierten en uno. Nada importa más en este mundo que el orgasmo que ambos se están regalando. No existe nada más, nadie más. En ese instante, cuando lo más grande y lo más bello se hace realidad ambos llegan a conocer el significado de la verdadera felicidad.

Después, pasarán unos minutos callados, exhaustos y relajados. Ella seguirá sentada con su polla dentro, le encanta sentir como se va poniendo flácida dentro de su coño. Él no dejará de abrazarla en todo ese tiempo.

Como es costumbre en ellos, ella se levanta para tumbarse sobre la cama. Boca arriba y con las piernas bien abiertas le deja el coño dispuesto para que él se lo deje bien limpio a lametazos. No quedará rastro de ningún fluido: semen y corrida vaginal entremezclados le otorgan un sabor a ese coño que puede compararse al mejor de los manjares.
Un coño grande y naturalmente peludo. Con una frondosidad ya poco vista entre las mujeres y que  a él le encanta sentir entre los labios mientras se lo come.

No dejará de disfrutarla hasta que ella llegue a su segundo orgasmo. Los días que le cuesta algo más alcanzarlo, él se ayuda de dos dedos para metérselos por el culo. Cuando ella se siente llena por ese agujero se pone muy perra y se corre rápido y más intenso.

Ella gime y le aprieta fuerte la cabeza, mientras le despeina con ternura. Gritos ahogados anuncian un nuevo orgasmo y él se esmera por mover la lengua aun más rápido sobre su duro clítoris. Temblores y espasmos acompañan el momento, mientras el hombre se bebe el ansiado líquido por el que tan duro ha trabajado.
.
De nuevo, el silencio. De nuevo los abrazos y las caricias. Aun tienen tiempo para descansar, con un ligero sueño, con sus cuerpos desnudos y sudados sobre la cama antes de ducharse y volver a sus monótonas vidas. Unas vidas que sólo tienen razón de ser gracias a esos encuentros.



lunes, 17 de septiembre de 2018

Foto regalo


Organizando conceptos

Entro cualquier día en Facebook o Twitter (las plataformas que utilizo habitualmente para dar a conocer mi blog) y me encuentro con muchos perfiles de personas que no tienen las ideas demasiado claras con respecto a los conceptos que rodean al mundo del sexo.

En el ámbito sexual nada es igual y todo es permitido, pero no es conveniente equivocarlo, sobretodo si queremos llegar a alcanzar lo que realmente estamos buscando cuando nos hacemos un perfil de estas características.

No todo el que busca sexo por internet es liberal. Muchas personas se presentan como tal y están muy lejos de serlo jamás. Que un hombre tenga la fantasía de follarse a una mujer casada mientras su marido observa la escena no lo convierte en liberal. Liberal, en tal caso, sería el matrimonio que lo invita a su cama.

Una persona liberal es alguien abierto de mente, que tolera y respeta cualquier tipo de práctica sexual. Y que, llegado el momento, disfruta sin tabú de su sexualidad y la de su pareja (en caso de tenerla).
Un liberal es respetuoso, discreto y empático. Un liberal no se asusta ni critica la forma de vivir el sexo del resto de personas, amén de sus gustos personales.

Dentro del mundo liberal hay, como he dicho, parejas. Pero, ojo, no todas las parejas son liberales.
De hecho, los swinger (parejas estables que disfrutan del intercambio de parejas) no suelen ser liberales. Este grupo suele interactuar bajo unas reglas bastante estrictas. La gran mayoría obliga al cumplimiento de exigencias tales como la obligatoriedad de que la otra pareja sea estable o la presentación de analíticas que muestren un buen estado de salud. Es normal pactar el modo del que transcurrirá el encuentro (los cuatro juntos en la misma habitación o por separado, quedar a tomar algo primero o quedar directamente en el lugar donde van a jugar, ver fotos o videochat de la otra pareja junta antes de dar el paso a conocerse en persona....)

La mayoría de los swinger no quieren tener contacto ninguno con chicos sólos. Por algún motivo que aún no llego a entender, las chicas solas siempre son bienvenidas a sus perfiles o su cama.
Una minoría, a veces, gusta de jugar con un hombre, pero tienen la costumbre de tratarlo  como un mero juguete sin sentimientos ni derecho a elegir sus gustos. El chico invitado a participar en su juego, sólo interactuará con la parte femenina de la pareja, siguiendo los patrones marcados con anterioridad por la pareja.

Por supuesto hay muchísimas parejas que no son swinger sino liberales. Es fácil distinguirlas, pues éstas últimas, se comportan de una manera más laxa y abierta. Pueden disfrutar haciendo intercambios, tríos y otras mil prácticas y siempre lo hacen desde el "tu a tu" y el respeto.

A mí, personalmente, no me gustan las etiquetas. Mi forma de pensar encaja en el pensamiento liberal, aunque comparto también rasgos con las personas con facultad para el poliamor.

Escribo sobre sexo, si. Y hablo del mismo con naturalidad y sin tabúes. Pero eso no quiere decir que esté siempre dispuesta y disponible para tener conversaciones "calientes" con cualquier persona a la que se le antoje.

Que una mujer sea liberal o practique el sexo de manera libre no significa que cualquier persona tenga derecho sobre su vida sexual. Ella decide cuando folla, con quien y como. Por supuesto, todas las mujeres tienen derecho a ser respetadas y tratadas con tacto.

Del mismo modo, todo hombre que se muestre educado y cortés merece ser tratado con la misma educación. No me gusta que paguen justos por pecadores.

Sería genial que el sexo no se metiera en el saco de lo prohibido, lo oscuro y lo sucio (aunque muchos opten por prácticas de lo más vicioso y cerdo). El mundo iría mucho mejor si las mujeres que viven su sexualidad de manera libre no fueran tachadas de "frescas" y los hombres no sintieran un "no" como un rechazo que les da alas para insultar y menospreciar.

Todos somos iguales y sin los unos, los otros jamás podríamos cumplir nuestras fantasías. Quizá sería buena idea partir de esa premisa.

Vivid el sexo, hacedlo con libertad y sin tabúes. Pero siempre desde la empatía y el respeto, por favor. Así todos follaríamos más y joderíamos menos.